Veinte mil leguas de viaje submarino

Veinte mil leguas de viaje submarino

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Nos volvimos a través del bosque y completamos nuestra recolección haciendo acopio de coles palmistas que hubimos de buscar en las cimas de los árboles, de unas habichuelas que reconocí como las abrú de los malayos y de unos ignamos de superior calidad. Estábamos cargados con exceso cuando llegamos a la canoa, y, sin embargo, a Ned Land aún no le parecía suficiente la provisión. La suerte lo favoreció. En el momento de embarcarse vio varios árboles de una altura de veinticinco a treinta pies, pertenecientes a la especie de las palmeras, árboles tan preciosos como el artocarpus y que figuran con justicia entre los productos más útiles de la Malasia. Eran los buríes, vegetales que crecen sin cultivo y se reproducen, como las moreras, por vástagos y semillas.

Ned Land sabía cómo proceder con esos árboles: manejando vigorosamente el hacha, poco tardó en derribar a dos o tres burles, cuya madurez se reconocía en el polvo blanco esparcido en sus palmas. Yo lo miraba más con los ojos del naturalista que con los de un hombre hambriento. Comenzó por quitar de cada tronco una tira de corteza, de una pulgada de grueso, recubierta por una red de fibras alargadas que formaban inextricables nudos, como enmasillados con una especie de harina gomosa: esa harina era el sagú, sustancia comestible, muy empleada en la alimentación de las poblaciones melanésicas. 


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker