Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino El ascensor del hotel nos dejó en el amplio vestíbulo del entresuelo. Descendí los pocos peldaños que llevaban a la planta baja. Aboné la cuenta en el gran mostrador continuamente asediado por una multitud considerable. Di la orden de que enviaran a París (Francia) mis bultos de animales disecados y plantas secas. Abrí un crédito suficiente para el babirusa, y seguido de Consejo salté dentro de un coche. El vehículo, a veinte francos el viaje, descendió por Broadway hasta Union square, siguió por la Fourth~avenue hasta el cruce con Bowery street, tomó Katrin street y se detuvo en el trigésimo cuarto pier, como así se llamaban los muelles destinados a cada navío.
Desde allí el ferry-boat Katrin nos transportó, a hombres, caballos y coche, hasta Brooklyn, el gran anexo de Nueva York, situado en la orilla izquierda del río del Este, y en pocos minutos más llegábamos al muelle junto al cual la LincolnAbraham Lincoln lanzaba torrentes de humo negro por las dos chimeneas.
Al instante transbordaron nuestro equipaje al puente de la fragata. Yo me precipité a bordo. Pregunté por el comandante Farragut. Uno de los marineros me condujo hasta la toldilla, donde me encontré ante un oficial de buena presencia que me tendió la mano.
-¿El señor Pedro Aronnax?, dijo.
-El mismo, respondíle. ¿El comandante Farragut?