Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Miramos hacia el lado del bosque, sin levantarnos. A mí se me detuvo la mano mientras la llevaba a la boca, a Ned Land mientras estaba dando término a su tarea.
-Una piedra no cae del cielo, dijo Consejo, salvo que merezca el nombre de aerolito.
Otra segunda piedra, cuidadosamente redondeada, que le arrebató de la mano a Consejo una sabrosa pata de paloma, dio mayor peso a su observación. Nos levantamos los tres con el fusil en bandolera, pero dispuestos a repeler cualquier ataque.
-¿Son monos?, preguntó Ned Land.
-Casi, respondió Consejo. Son salvajes.
