Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -¿Lo molesto?, dije por cortesÃa.
-Asà es, señor Aronnax, me respondió el capitán, pero supongo que tendrá razones serias para verme.
-Muy serias. Las piraguas de los nativos nos rodean y dentro de unos minutos nos asaltarán sin duda varios centenares de salvajes.
-¡Ah!, dijo tranquilamente el capitán Nemo. ¿Han venido en sus piraguas?
-SÃ, señor.
-Pues bien, señor, bastará con cerrar la compuerta.
-Precisamente yo venÃa a decirle...
-No hay cosa más fácil, dijo el capitán Nemo. Y apretando un timbre eléctrico transmitió una orden al puesto de la tripulación.
-Ya está hecho, señor, me dijo al poco rato. La canoa está en su sitio y la compuerta cerrada. ¿No temerá usted, supongo, que esos señores hundan las paredes que las balas de vuestra fragata no lograron abollar?
-No, capitán, pero queda un peligro.
-¿Cuál, señor?