Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -El de que mañana, cuando haya de renovarse el aire del Nautilus y se abra la compuerta...
-Sin duda, señor, puesto que nuestra nave respira a la manera de los cetáceos.
-Y bien, señor, si en ese momento los papúes ocupan la plataforma, yo no veo cómo les impedirá que entren...
-Entonces, señor, ¿supone usted que subirán a bordo?
-Estoy seguro de ello.
-Pues bien, señor, que suban. No veo ninguna razón para impedírselo. En el fondo, son unos pobres diablos los papúes y no quiero que mi visita a la isla de Gueboroar le cueste la vida a ninguno de esos desdichados.
Luego de pronunciar tales palabras con tono tajante, el capitán Nemo se inclinó levemente. Era como despedirme, y yo me volví a mi habitación.
Allí me encontré con Consejo, deseoso de conocer el resultado de mi entrevista con el capitán.
-Muchacho, le respondí, cuando le di a entender que creía en la posibilidad de que los nativos de la Papuasia amenazaran a su Nautilus, el capitán lo tomó muy irónicamente. De modo, pues, que sólo te diré una cosa: confía en él y vete a dormir tranquilo.
-¿El señor no necesita de mis servicios?
-No, amigo mío. ¿Qué hace Ned Land?