Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Esperé algún tiempo aún, luego pasé al gran salón. El reloj señalaba apenas las dos y media. Dentro de diez minutos, la superficie del mar alcanzaría el máximo de altura y si el capitán Nemo no había hecho una promesa temeraria, el Nautilus debía quedar inmediatamente a flote. Si no, habrían de pasar muchos meses antes que se desprendiera de su lecho de coral. Sin embargo, ciertos estremecimientos precursores se percibieron al rato en el casco de la nave. Oí rechinar los costados al contacto con las asperidades calcáreas del fondo coralino.
A los 2 y 35 minutos, el capitán Nemo apareció en el salón.
-Vamos a partir, dijo.
-¡Ah!, hice yo.
-He dado orden de abrir la compuerta.
-¿Y los papúes?