Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -¿Los papúes?, respondió el capitán Nemo, encogiéndose de hombros.
-¿No penetrarán en el interior del Nautilus?
-¿Cómo lo harían?
-Pasando por la compuerta que usted hizo abrir.
-Señor Aronnax, respondió tranquilamente el capitán Nemo, no se entra así como así por las compuertas del Nautilus aunque estén abiertas.
Yo miré al capitán.
-¿No lo comprende usted?, me dijo.
-De ningún modo.
-Pues bien, venga y lo verá.
Me dirigí hacia la escalera central. Allí, Ned Land y Consejo, muy intrigados, miraban a algunos hombres de la tripulación que abrían las escotillas, mientras resonaban afuera espantosas vociferaciones. Se doblaron por fuera las tapaderas de porta. Veinte figuras horribles asomaron. Pero el primero de los indígenas que tocó el pasamano, arrojado hacia atrás por no sé qué fuerza invisible, huyó lanzando gritos espantosos y haciendo cabriolas exorbitantes. Los diez compañeros suyos le sucedieron. Los diez corrieron igual suerte. Consejo estaba en éxtasis. Ned Land, a impulsos de su instinto violento se abalanzó hacia la escalera. Pero en cuanto se asió del pasamano fue derribado a su vez.
-¡Por mil demonios!, exclamó. ¡Me ha fulminado un rayo!