Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino En cuanto al Nautilus continuaba en apariencias tan tranquilo y misterioso como siempre. Flotaba en la superficie del mar con velocidad moderada. Nada parecía haber variado a bordo. Ned Land con su penetrante mirada observaba el mar. Estaba desierto. El canadiense no vio nada nuevo en el horizonte, ni velas, ni tierras. Soplaba ruidosamente una brisa del oeste y grandes olas, despeinadas por el viento, imprimíanle a la nave un balanceo muy marcado.
Después de renovar el aire, se mantuvo el Nautilus en una profundidad media de quince metros, de manera de estar listo para volver con rapidez a la superficie: operación que, contra lo acostumbrado, se realizó varias veces durante el día del 19 de enero. El segundo subía entonces a la plataforma y la frase habitual resonaba en e interior de la embarcación.
En lo que respecta al capitán Nemo, no se hizo ver. De la gente de a bordo sólo vi al impasible camarero que me sirvió sin salirse de su exactitud y de su mutismo habituales.