Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino A eso de las dos, me hallaba yo en el salón, clasificando mis anotaciones, cuando el capitán abrió la puerta y entró. Lo saludé. Me devolvió el saludo en forma casi imperceptible, sin dirigirme la palabra. Me dediqué de nuevo a mi tarea, esperando que quizás me diera alguna explicación acerca de los acontecimientos de la noche precedente. No lo hizo. Yo lo miré. Me pareció que el rostro reflejaba cansancio; el reposo del sueño no le habÃa refrescado los ojos enrojecidos; en la fisonomÃa se manifestaba una tristeza profunda, una pena verdadera. Iba y venÃa, se sentaba y volvÃa a levantarse, tornaba un libro cualquiera, lo dejaba en seguida, consultaba los instrumentos sin recoger las notas habituales y al parecer no podÃa quedarse quieto un instante. Por fin, se me acercó y me dijo:
-¿Es usted médico, señor Aronnax?
Tan lejos estaba yo de esperar semejante pregunta que me quedé mirándolo sin responderle.
¿Es médico?, repitió. Varios colegas suyos estudiaron medicina, Gratiolet, Moquin-Tandon y otros...
En efecto, dije, soy doctor en medicina e interno en algunos hospitales. He practicado durante unos años antes de entrar en el Museo.
-Bien, señor.