Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Mi respuesta lo había satisfecho evidentemente. Pero, como no sabía a qué quería él llegar, esperé nuevas preguntas, reservándome el responder de acuerdo con las circunstancias.
-Señor Aronnax, me dijo el capitán, ¿querría usted brindarle sus cuidados a uno de mis hombres?
-¿Hay alguno enfermo,
-Sí.
-Estoy dispuesto a seguirlo.
-Venga usted.
Confesaré que me latía el corazón. No sé por qué veía cierto vínculo entre la enfermedad de aquel hombre y los sucesos de la víspera, y este misterio me preocupaba tanto como el enfermo. El capitán Nemo me condujo a la popa del Nautilus y me hizo entrar en un camarote situado cerca de la sección destinada a los marineros.