Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Por otra parte, Ned Land no ha renunciado aún a la esperanza de recobrar su libertad, seguro de que aprovecharía la primera ocasión que el azar le ofrezca. Yo procederé como él, sin duda alguna; sin embargo, no será sin cierto remordimiento por llevarme algunos secretos del Nautilus que la generosidad del capitán nos ha permitido conocer. Porque, en fin, ¿es preciso odiar a este hombre o admirarlo? ¿Es una víctima o un verdugo? Y además, para ser franco, quisiera antes de abandonarlo para siempre, realizar esta vuelta al mundo submarina, cuyo comienzo resulta tan magnífico. Quisiera haber observado la serie completa de las maravillas acumuladas bajo los mares del globo. ¡Haber visto lo que ningún hombre ha presenciado todavía, aunque tuviera que pagar con mi vida tal insaciable necesidad de conocimiento! ¿Qué he descubierto hasta ahora?
¡Nada, o casi nada, pues no hemos aún recorrido más que seis mil leguas a través del Pacífico!
Sin embargo, sé bien que el Nautilus se acerca a tierras habitadas, y que si alguna probabilidad de salvación se nos ofrece, sería cruel sacrificar a mis compañeros para satisfacer una pasión por lo desconocido. Será necesario seguirlos, quizás guiarlos. ¿Pero semejante ocasión se presentará alguna vez? El hombre privado por la fuerza de casi su libre arbitrio la desea, pero el sabio, el curioso, la teme.