Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Empleáronse varias veces los planos inclinados que las palancas interiores podían colocar oblicuamente con respecto a la línea de flotación. Recorrimos así dos a tres kilómetros, pero sin verificar nunca los grandes fondos de este mar Indico que las sondas de trece mil metros no han podido alcanzar. En cuanto a la temperatura de las capas inferiores, el termómetro indica siempre invariablemente cuatro grados sobre cero. Yo observé solamente que en las corrientes superiores el agua era siempre más fría en los bajos fondos que en plena mar.
El 25 de enero el océano estaba desierto. El Nautilus navegó durante el día en la superficie, batiendo las olas con su potente hélice y haciéndolas saltar a gran altura. ¿Cómo no habla de confundírselo en tales condiciones con un cetáceo gigantesco? Pasé las tres cuartas partes de ese día en la plataforma. Miraba el mar. Nada en el horizonte, excepto a las cuatro de la tarde un gran vapor que se desplazaba hacia el oeste, en sentido opuesto. Su arboladura fue visible un instante, pero desde su bordo no era posible percibir el Nautilus, demasiado al ras del agua.