Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -No, Consejo, y esta blancura que te sorprende sólo se debe a la presencia de mirÃadas de infusorios, especie de pequeños gusanos luminosos, de aspecto gelatinoso e incoloro, del espesor de un cabello y de una longitud que no excede de un quinto de milimetro. Están unidos entre sà en la extensión de muchas leguas.
-¡Muchas leguas!, exclamó Consejo.
-SÃ, muchacho, ¡y no trates de calcular el número de estos infusorios! No podrÃas hacerlo, pues, si no me equivoco, algunos marinos han navegado en mares de leche en una extensión de más de cuarenta millas.
Por espacio de algunas horas, el Nautilus hendió con su espolón las olas blanquecinas y noté que se deslizaba sin ruido sobre el agua jabonosa, como si flotara en los remolinos de espuma que las corrientes y contracorrientes de las bahÃas suelen producir. A medianoche, el mar adquirió de nuevo su color ordinario, pero detrás de nosotros, hasta los lÃmites del horizonte, el cielo reflejaba la blancura de las olas y pareció largo tiempo impregnado por la vaga luminosidad de una aurora boreal.