Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Además no me era posible admitir sin reaccionar la displicencia con que el capitán nos habla hecho tan deplorable invitación. ¿No se dirÃa que se trataba de acosar en los bosques a algún zorro inofensivo? "¡Bueno!, Consejo jamás querrá venir, y esto -me servirá de excusa para no acompañar al capitán", pensaba.
En cuanto a Ned Land, reconozco que no me sentÃa lo bastante seguro de su cordura. Un peligro, por grande que fuese, constituirla siempre un atractivo para su naturaleza belicosa. Proseguà mi lectura del libro de Sirr, pero ya lo hojeaba maquinalmente. Vela entre lÃneas unas quijadas formidablemente abiertas. En ese momento Consejo y el canadiense entraron, con aspecto tranquilo y hasta alegre. Ignoraban lo que les esperaba.
-A fe mÃa, señor, me dijo Ned Land, su capitán Nemo, ¡a quien se lleve el diablo!, nos ha hecho una proposición muy amable.
-¡Ah!, dije, ¿con que ya saben?
-Si al señor no le disgusta, respondió Consejo, el comandante del Nautilus nos ha invitado a visitar mañana, en compañÃa del señor, las magnÃficas pesquerÃas de Ceilán. Lo ha hecho en términos amables y se ha portado como un verdadero gentleman.
-¿Y no les ha dicho nada más?
-Nada, señor, respondió el canadiense; supongo que habrá hablado con usted de este paseÃto.