Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino A las seis se hizo súbitamente de día, con aquella rapidez peculiar de las regiones tropicales, que no conocen la aurora ni el crepúsculo. Los rayos solares horadaron la cortina de nubes concentradas en el horizonte oriental, y el astro radioso se elevó rápidamente.
Vi nítida la tierra, con algunos árboles aquí y allá. La canoa avanzó hacia la isla de Manaar, que se insinuaba en el sur. El capitán Nemo se habla levantado de su banco y observaba el mar. A una señal suya, echaron el ancla y la cadena corrió apenas, pues el fondo no estaba a más de un metro y formaba en este paraje uno de los lugares más altos del banco de ostras. La canoa se movía por la acción del reflujo que tendía a empujarla mar adentro.