Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Esa fantasía, respondió el canadiense, no puede llevarnos lejos. El golfo Pérsico no tiene salida y si nos introducimos en él no tardaremos en volver sobre nuestros pasos.
-Y bien, volveremos, maestro Land, y si después del golfo Pérsico el Nautilus quiere visitar el mar Rojo, el estrecho de Bab-el-Mandeb está siempre allí para darle paso.
-No le enseñaré, señor, respondió Ned Land, que el mar Rojo no se encuentra menos cerrado que el golfo, porque el istmo de Suez no está todavía cortado, y aunque lo estuviere, una embarcación misteriosa como la nuestra no podría arriesgarse en los canales cortados en esclusas. De modo que el mar Rojo no es evidentemente el camino que nos llevará a Europa.
-Pero yo no he dicho que volveríamos a Europa.
-¿Qué supone usted, entonces?
-Pienso que luego de haber visitado los curiosos parajes de Arabia y Egipto, el Nautilus regresará al océano Indico, y quizás a través del canal de Mozambique, o quizás costeando las Mascareñas, podrá llegar al cabo de Buena Esperanza.
-¿Y una vez en el cabo de Buena Esperanza?, preguntó el canadiense con particular insistencia.
-Y bien, penetraremos en el Atlántico que no conocernos todavía.