Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino ¡Ah! ¿Conque amigo Ned, usted se fatiga de este viaje bajo los mares ¿Le hastÃa el espectáculo incesantemente variado de las maravillas submarinas? Por mi parte verÃa con sumo pesar que terminara este viaje que tan pocos hombres pueden realizar.
-¿Pero, sabe usted, señor Aronnax, respondió el canadiense, que pronto hará tres meses que nos encontramos prisioneros a bordo de este Nautilus.
-No, Ned, no lo sé, ni quiero saberlo, y no cuento los dÃas ni las horas.
-¿Pero su conclusión?
-La conclusión llegará a su tiempo. Por ahora nada podemos hacer y discutirÃamos inútilmente. Si viniera usted a decirme, amigo Ned: "Una esperanza de evasión se nos ofrece", la discutirÃa con usted. Pero no es tal el caso, y para hablarle con franqueza, no creo que el capitán Nemo se aventure jamás en los mares europeos. Durante cuatro dÃas, hasta el 3 de febrero, el Nautilus navegó en el mar de Omán, a distintas velocidades y diferentes profundidades. ParecÃa desplazarse al azar, como si vacilara acerca de la ruta a seguir, pero no traspasó jamás el trópico de Cáncer. Pasamos frente a Mascate, la más importante población del paÃs de Omán, que no fue para nosotros más que una visión fugaz, y el Nautilus bien pronto se sumergió bajo las olas de estos parajes sombrÃos. Luego bordeó a una