Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino El 9 de febrero, el Nautilus navegaba en esta zona, la más ancha del mar Rojo comprendida entre Suakin, en la costa oeste, y Quonfodah, en la costa este, en una distancia de ciento noventa millas. A mediodÃa, luego de tomar la posición, el capitán Nemo subió a la plataforma, en la que yo me encontraba. Ale prometà no dejarlo bajar sin haberle al menos preguntado cuáles eran sus proyectos ulteriores. Se acercó a mÃ, me ofreció amablemente un cigarro y me dijo:
-¡Y bien, señor profesor! ¿Le agrada el mar Rojo? ¿Ha observado suficientemente las maravillas que encierra, sus peces, y sus zoófitos, sus macizos de esponjas y sus bosques de coral? ¿Ha entrevisto usted las poblaciones dispersas en sus márgenes?
-SÃ, capitán Nemo, respondÃ, y el Nautilus se ha prestado maravillosamente a todo este estudio. ¡Ah! Es una embarcación inteligente.
-SÃ, señor, ¡inteligente, audaz e invulnerable! No teme ni a las terribles tempestades del mar Rojo, ni a sus corrientes, ni a sus arrecifes.
¡En efecto!, dije, este mar se cita entre los más peligrosos y, si no me equivoco, en tiempos antiguos tenÃa una fama detestable.