Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Acompáñeme, entonces. Verá de este modo todo lo que es posible ver en una navegación a la vez subterránea y submarina. El capitán me condujo hacia la escala central. Ascendida en parte, abrió una puerta lateral, continuó por las crujÃas superiores y llegó a la cabina del piloto que, como sabemos, se hallaba en una extremidad de la plataforma. Esa cabina que medÃa seis pies de lado, casi semejante a las que ocupan los timoneles de los vaporcitos del Misisipà o del Hudson.
En su interior se encontraba una rueda dispuesta en forma vertical, engranada a los guardianes del timón que se extendÃan hasta la popa del Nautilus. Cuatro ojos de buey con vidrios lenticulares, ubicados en las paredes de la cabina, le permitÃan al piloto ver en todas direcciones. La cabina se encontraba sin luz, pero pronto mis ojos se habituaron a la oscuridad y pude ver al piloto, un hombre vigoroso, cuyas manos se afirmaban en la rueda. Por fuera el mar aparecÃa vivamente iluminado por el fanal que se encontraba atrás de la cabina, en la otra extremidad de la plataforma.
-Ahora, dijo el capitán Nemo, a buscar nuestro paso.