Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Unos hilos eléctricos comunicaban la estancia del timonel con la cámara de máquinas, y desde allà el capitán podÃa transmitir simultáneamente a su Nautilus la dirección y el movimiento. Oprimió un botón de metal y la velocidad de la hélice quedó inmediatamente disminuida. Yo observaba en silencio la alta muralla acantilada que bordeábamos en ese momento, inquebrantable base del macizo arenoso de la costa. La recorrimos durante una hora a escasos metros de distancia.
El capitán Nemo no apartaba la vista de la brújula suspendida en la cabina con sus dos cÃrculos concéntricos. Bastaba un sencillo ademán suyo para que el timonel modificara a cada instante la dirección del Nautilus.