Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino EL ARCHIPIÉLAGO GRIEGO
El día siguiente, 12 de febrero, al amanecer, el Nautilus se elevó
de nuevo a la superficie del mar. Me precipité hacia la plataforma. A una distancia de tres millas al sur se dibujaba la vaga silueta de Pelusa. El torrente nos había arrastrado de un mar a otro. Pero tal túnel, fácil de descender, debía ser impracticable para remontarlo. A eso de las siete, Ned y Consejo se me unieron en la plataforma. Los dos inseparables compañeros habían descansado tranquilamente, sin preocuparse en mayor grado por las proezas del Nautilus.
-Y bien, señor naturalista, preguntó el canadiense con un tono ligeramente burlón, ¿dónde está el Mediterráneo?
-Nos hallamos navegando en su superficie, amigo Ned.
-¡Eh!, dijo Consejo, ¿acaso esta noche... ?
-¡Sí!, esta misma noche, en algunos minutos, atravesamos el istmo infranqueable.
-No lo puedo creer, respondió el canadiense.