Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -No exageremos, maestro Land, continué. No tenemos nada que temer de parte del capitán, aunque no comparto tampoco las ideas de Consejo. Conocemos los secretos del Nautilus, y no puedo esperar que su comandante, por devolvernos la libertad se exponga a verlos esparcidos por el mundo.
-Pero, entonces, ¿qué espera usted?, preguntó el canadiense.
-Que se presenten circunstancias, que podremos, que deberemos aprovechar, tanto dentro de seis meses, como ahora.
-¡Cómo!, dijo Ned Land, y dónde estaremos dentro de seis meses, si le parece bien, señor naturalista?
-Es posible que aquí mismo, o tal vez en China. Usted conoce la velocidad del Nautilus. Atraviesa los océanos como una golondrina recorre los aires o un expreso los continentes. ¿Quién nos dice que no ha de acercarse a las costas de Francia, Inglaterra o América, en las que una fuga podría intentarse con más probabilidades de éxito que aquí?
-Señor Aronnax, respondió el canadiense, sus argumentos pecan por la base. Usted habla del futuro: "¡Estaremos allá!" "¡Estaremos allí!" ¡Yo hablo del presente!: "¡Estamos ahora aquí, Y es necesario aprovecharlo! ".