Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -El amigo Consejo, respondió tranquilamente el digno muchacho, no tiene nada que decir. Se desinteresa en modo absoluto de la cuestión. Como su amo, como su camarada Ned, es soltero. Ni mujer, ni padres, ni hijos lo esperan en su país. Está al servicio del señor, piensa como el señor, habla como el señor, y lamenta que no pueda contarse con él para conseguir mayoría. Solamente dos personas están presentes aquí: el señor de un lado, Ned Land del otro. El amigo Consejo escucha y está dispuesto a aceptar lo que se resuelva. No pude evitar una sonrisa al ver a Consejo aniquilar tan completamente su personalidad. En el fondo, el canadiense debía estar encantado de no tenerlo en su contra.
-Entonces, señor, dijo Ned Land, como Consejo no existe, no discutamos sino entre nosotros. He hablado, usted me ha escuchado.
¿Qué tiene ahora que contestar?
Era necesario concluir y las evasivas me repugnan.
-Amigo Ned, dije, he aquí mi respuesta. Usted tiene razón, y mis argumentos no pueden rebatir los suyos. No hay que contar con la buena voluntad del capitán Nemo. La prudencia le impide ponernos en libertad. En cuanto a nosotros, la prudencia aconseja que aprovechemos la primera ocasión que se nos presente de dejar el Nautilus.
-Bien, señor Aronnax, he aquí algo sabiamente dicho.