Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Sí, si estuviéramos lo suficientemente cerca de la orilla, y si el navío estuviese en la superficie. No, si nos encontráramos alejados o si el navío navegara bajo las aguas.
-¿Y en tal caso?
-En ese caso, trataría de apoderarme de la canoa. Sé como se maniobra. Nos introduciríamos en el interior y retirando los pernos, remontaríamos a la superficie, sin que el timonel, situado adelante, advirtiera nuestra fuga.
-Bien, Ned, aceche, pues, la ocasión; pero no olvide que un fracaso nos perdería.
-No lo olvidaré, señor.
-Y ahora, Ned, ¿quiere conocer todo mi pensamiento acerca de su proyecto?
-Con mucho gusto, señor Aronnax.
-Pues bien; yo pienso, no digo espero, yo pienso que esa ocasión favorable no se presentará.
-¿Por qué?
-Porque el capitán Nemo no puede ignorar que no hemos renunciado de ninguna manera a la esperanza de recobrar nuestra libertad, y se mantendrá seguramente en guardia, sobre todo a la vista de las costas europeas.
-Soy de la opinión del señor, dijo Consejo.
-Lo veremos, respondió Ned Land, quien sacudía la cabeza con aire decidido.