Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Y ahora, Ned Land, agregué, quedemos en esto. El día que esté dispuesto, usted nos prevendrá y nosotros lo seguiremos. Confío completamente en usted.
Esta conversación, que habría de tener más tarde graves consecuencias, concluyó así. Debo decir, sin embargo, que los hechos posteriores parecieron confirmar mis previsiones, con gran desesperación del canadiense. ¿El capitán Nemo desconfiaba de nosotros en estos mares frecuentados, o quería solamente ocultarse a la vista de los numerosos buques de todas las naciones que surcan el Mediterráneo? Lo ignoro, pero se mantuvo con la mayor frecuencia entre dos aguas y alejado de las costas. Ora el Nautilus emergía, manteniéndose al nivel de la cabina del timonel, ora se sumergía a grandes profundidades, pues, entre el archipiélago griego y el Asia Menor no alcanzamos los fondos sino a dos mil metros. De modo que no fue posible conocer la isla de Cárpatos, una de las Espórades, sino por el verso de Virgilio que el capitán Nemo me citó, posando el dedo sobre un punto del planisferio: Est in Carpathis Neptuni gurgite vates Coeruleus Proteus...