Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Era, en efecto, la antigua morada de Proteo, el viejo pastor de los rebaños de Neptuno, ahora isla de Escarpanto, ubicada entre Rodas y Creta. No pude ver más que sus cimientos graníticos a través del cristal del salón. Al otro día, 14 de febrero, pensé en dedicar algunas horas al estudio de los peces del archipiélago; pero, por algún ignorado motivo los paneles permanecieron herméticamente cerrados.
Analizando la posición del Nautilus, comprobé que se dirigía hacia Candia, la antigua isla de Creta. En la época en que me encontraba embarcado en la Abraham Lincoln, esta isla acababa de rebelarse en toda su extensión contra el despotismo turco. Lo que habría sido de la insurrección desde entonces, yo lo ignoraba totalmente, y no era el capitán Nemo, privado de toda comunicación con la tierra, quien podía informarme al respecto. No aludí, pues, en modo alguno a tal acontecimiento cuando por la noche me encontré a solas con él en el salón. Además, me pareció taciturno, preocupado. Luego, contrariando su costumbre, ordenó que abrieran ambos paneles del salón, y yen do de uno a otro observó con atención la masa de las aguas. ¿Con qué objeto? Yo no podía adivinarlo.