Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Pero, de pronto, en medio de las aguas apareció un hombre, un buzo, que llevaba en la cintura un bolso de cuero. No se trataba de un cuerpo abandonado a las olas, sino de una persona viviente que nadaba con brazadas vigorosas, desaparecía a ratos para subir hasta la superficie a respirar y volvía luego a sumergirse. Me volví hacia el capitán Nemo, diciéndole con voz conmovida:
-¡Un hombre! ¡Un náufrago! ¡Tenemos que salvarlo!
El capitán Nemo no me respondió y fue a apoyarse contra el cristal. El hombre se había acercado y pegando la cara al panel nos miraba. Con gran asombro de mi parte, el capitán Nemo le hizo una señal. El buzo respondió con un movimiento de la mano, subió al instante a la superficie del mar y no volví a verlo.
-No se inquiete, me dijo el capitán. Es Nicolás, del cabo Matapán, apodado "El Pez". Es muy conocido en todas las Cícladas como atrevido buzo. El agua es su elemento, vive más en ella que en la tierra, yendo sin cesar a nado de una isla a otra, hasta a Creta.
-¿Lo conoce usted, capitán?
-¿Por qué no, señor Aronnax?