Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Durante la noche del 16 al 17 de febrero habÃamos penetrado en esa segunda cuenca mediterránea, cuyas máximas profundidades alcanzan unos tres mil metros. El Nautilus, a impulsos de la hélice, deslizándose mediante sus planos inclinados, se sumergió hasta las últimas capas del mar.
AllÃ, a falta de maravillas naturales, la masa de las aguas ofreció a mi vista escenas emocionantes y terribles. En efecto, atravesábamos entonces toda esa parte del Mediterráneo tan fecunda en siniestros. Desde la costa argelina a las riberas de Provenza, ¡cuántos navÃos han naufragado, cuántas embarcaciones han desaparecido!
AsÃ, pues, en nuestro rápido paso a través de las capas profundas vi muchos restos de naufragios que yacÃan en el fondo, unos ya recubiertos por los corales, otros revestidos tan sólo de un manto de herrumbre: anclas, cañones, balas de cañón, guarniciones de hierro, ramas de hélices, trozos de máquinas, cilindros quebrados, calderas desfondadas, cascos flotantes entre dos aguas, algunos erguidos, otros volcados.