Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino De aquellos navíos algunos habían zozobrado por colisión, otros por haber topado con algún escollo de granito. Vi unos que se habían ido a pique con la arboladura recta, el aparejo endurecido por el agua. Daban la impresión de encontrarse anclados en una inmensa rada foránea esperando el instante de la partida. Cuando el Nautilus pasaba por entre ellos y los envolvía en sus reflejos eléctricos, parecía que esos navíos iban a saludarlo izando el pabellón y enviándole su número de orden. ¡Pero no! ¡Solamente el silencio y la muerte imperaban en ese campo de catástrofes!
Observé que abundaban más en los fondos mediterráneos los trágicos restos a medida que el Nautilus se aproximaba al estrecho de Gibraltar. Las costas de África y de Europa se acercan allí, y en el angosto espacio las colisiones son más frecuentes. Vi numerosos cascos de hierro, fantásticas ruinas de barcos, unos tendidos, otros erguidos, semejantes a formidables animales.