Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Una de aquellas embarcaciones de costados abiertos ofrecía un aspecto terrible con la chimenea doblada, las ruedas de las que no quedaba más que el montaje, el timón separado del codaste y retenido aún por una cadena de hierro, el espejo de popa raído por las sales marinas. ¡Cuántas existencias destrozadas en su naufragio, cuántas víctimas arrastradas bajo las olas! ¿Habría sobrevivido algún marinero de a bordo para relatar el terrible desastre o las olas guardarían aún el secreto del siniestro?
Mientras tanto, el Nautilus, indiferente y veloz, navegaba a toda hélice en medio de esas ruinas. El 18 de febrero, hacia las tres de la madrugada, se presentaba a la entrada del estrecho de Gibraltar, y algunos minutos más tarde flotábamos en las olas del Atlántico.