Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Solamente el mar inmenso y algunas velas en el horizonte, que sin duda iban hasta el cabo San Roque en busca de vientos favorables para doblar el cabo de Buena Esperanza. El tiempo estaba cubierto. Un huracán se preparaba.
Ned, rabiando, trataba de perforar con la mirada el horizonte brumoso. Esperaba todavía que, detrás de toda aquella niebla, se extendiera la tierra tan deseada. A mediodía, el sol apareció unos instantes. El segundo aprovechó del claro para tomar la altura. Luego, al tornarse el mar encrespado, descendimos y las compuertas se cerraron. Una hora más tarde, al consultar el mapa comprobé que la posición del Nautilus estaba anotada a los 16º 17' de longitud y 32º 22' de latitud, a ciento cincuenta leguas de la costa más cercana. No era posible pensar en huir y es fácil imaginar cuál sería la cólera del canadiense cuando le comuniqué nuestra posición.