Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Mientras tanto, la claridad rojiza que nos guiaba crecía e inflamaba el horizonte. La presencia de ese fulgor bajo las aguas me intrigaba en el más alto grado. ¿Era alguna emanación eléctrica que se manifestaba? ¿Me dirigía hacia un fenómeno natural todavía desconocido para los sabios de la tierra? ¿O también -pues este pensamiento atravesó mi mente-la mano del hombre intervendría en esa iluminación? ¿Avivaría ella este incendio? ¿Encontraríame yo bajo las capas profundas, con compañeros, con amigos del capitán Nemo, que vivían como él una existencia extraña y a quienes iba a visitar? ¿Hallaríame allá abajo con toda una colonia de exiliados que, hartos de las miserias de la tierra hubieran buscado y encontrado la independencia en lo más profundo del océano?
Todas estas ideas desatinadas, inadmisibles, me perseguían, y en esta disposición de ánimo, sobreexcitado sin cesar por la serie de maravillas que desfilaban ante mis ojos, no me hubiera sorprendido descubrir, en el fondo del mar, una de esas ciudades submarinas con las que soñaba el capitán Nemo.