Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino A derecha, a izquierda, se abrían amplios claros, que la mano del hombre parecía haber despejado, y yo me preguntaba entonces si algún habitante de estas regiones submarinas no se me aparecería súbitamente, Pero el capitán Nemo ascendía siempre. Yo no deseaba quedarme atrás. Lo seguía con paso intrépido. Mi bastón me ofrecía valiosa ayuda. Un paso en falso hubiera resultado peligroso en los estrechos pasos por entre los flancos de los abismos; mas yo avanzaba por allí con pie firme y si experimentar vértigos. Ora saltaba una hendidura cuya profundidad me hubiera hecho retroceder en los glaciares de la tierra; ora me aventuraba sobre el tronco vacilante de árboles-extendidos entre un abismo y otro sin mirar hacia abajo, entregado sólo a la contemplación de los bravíos parajes de aquella región.