Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Se han señalado numerosos volcanes submarinos en esa parte del globo, son muchos los navíos que han experimentado sacudimientos extraordinarios al pasar por encima de aquellos fondos atormentados. Algunos han oído sordos rumores que anunciaban la profunda lucha de los elementos; otros han recogido cenizas volcánicas proyectadas fuera del mar. Todo aquel suelo hasta el ecuador está todavía trabajador las fuerzas plutónicas. ¡Y quién sabe si, en una lejana época, dos por la deyección volcánica y por los mantos sucesivos de lavas, no han de aparecer picos de montañas ignívomas en la superficie del Atlántico!
Mientras yo soñaba así, mientras trataba de fijar en la memoria todos los detalles del grandioso paisaje, el capitán Nemo acodado en un monolito musgoso, permanecía inmóvil y como petrificado en mudo éxtasis. ¿Pensaba él en las generaciones desaparecidas y les inquiría el secreto del humano destino? ¿Era éste el lugar donde aquel hombre extraño venía a templarse con los recuerdos de la historia y revivir la vida antigua, él que desechaba la vida moderna? ¡Qué no hubiera dado yo por conocer sus pensamientos, por compartirlos, por comprenderlos!