Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Permanecimos en el lugar durante toda una hora, contemplando la vasta llanura al resplandor de las lavas que alcanzaban a veces sorprendente intensidad. El borbotar interno hacía correr rápidos estremecimientos por la corteza de la montaña. Ruidos profundos, netamente transmitidos por el medio líquido, repercutían con majestuosa amplitud. En ese momento la luna apareció a través de la masa de las aguas y arrojó algunos pálidos rayos sobre el continente sumergido. No fue más que un breve fulgor, pero produjo indescriptible efecto. El capitán se irguió, dirigió una última mirada a la inmensa llanura. Luego, con la mano me hizo seña de que lo siguiera. Descendimos rápidamente las alturas. Una vez cruzada la, selva mineralizada, divisé el fanal del Nautilus que brillaba como una estrella. El capitán marchó directamente hacia él, y ya estábamos a bordo cuando los primeros tintes del alba blanqueaban la superficie del océano.