Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino LAS HULLAS SUBMARINAS
El día siguiente, 20 de febrero, me desperté tarde. Las fatigas de la noche habían prolongado mi sueño hasta las once. Me vestí rápidamente. Tenía prisa por saber cuál era la dirección del Nautilus. Los instrumentos me indicaron que se dirigía siempre hacia el sur, a una velocidad de veinte millas por hora y a una profundidad de cien metros. Entró Consejo. Le relaté nuestra excursión nocturna y, encontrándose abiertos los paneles, él también pudo entrever una parte del continente sumergido.
En efecto, el Nautilus pasaba solamente a diez metros del fondo de la llanura atlántica. Admirable y encantadora navegación, que recordaba las maniobras de un paseo aerostático, con esta diferencia, sin embargo, de que el Nautilus obedecía pasivamente a la mano de su timonel.