Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Consejo recolectó algunos manojos. En cuanto a la fauna, contaba con millares de crustáceos de todas clases, cangrejos, bogavantes o cabrajos torteros, gambas, camarones, arañas, galateas, y un número prodigioso de nioluscos, margaritas, múrices y lapas.
En este lugar se abrÃa una magnÃfica gruta. Mis compañeros y yo tuvimos el placer de tendernos sobre la fina arena. El fuego habÃa pulido las paredes esmaltadas y brillantes, salpicadas de mica en polvo. Ned Land tanteaba las murallas y trataba de sondear su espesor. No pude menos que sonreirme.
La conversación se orientó entonces hacia sus eternos proyectos de fuga, y me pareció que podÃa darle, sin aventurarme damasiado, la esperanza de que el capitán Nemo sólo se habla dirigido al sur para renovar su provisión de sodio. Yo esperaba, por lo tanto, que después se aproximarÃa a las costas de Europa... de América, lo que le permitirla al canadiense renovar con mejor éxito sus tentativas. HacÃa una hora que estábamos tendidos en la encantadora gruta. La conversación, animada al principio, languidecÃa. Cierta somnolencia se apoderaba de nosotros, v como yo no tenÃa ninguna razón para resistirme al sueño, me dejé llevar por un profundo sopor. De repente, me despertó la voz de Consejo.
-¡Atención! ¡Atención!, gritaba el buen muchacho.