Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino No había alcanzado a comprender por qué me hacía tal recomendación el capitán, cuando me vi arrojado al suelo. Es que, engranada la hélice a una señal del capitán y puestos verticalmente los planos, el Nautilus cual un aeróstato en el aire subía con rapidez fulminante. Cortaba la masa de las aguas con una vibración sonora. Ningún detalle exterior fue va visible. En cuatro minutos salvó las cuatro leguas que lo separaban de la superficie del océano, y tras haber emergido como un pez volador, volvía a caer haciendo brotar el agua, en torno, a una altura prodigiosa.
CACHALOTES Y BALLENAS