Veinte mil leguas de viaje submarino

Veinte mil leguas de viaje submarino

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Durante la noche del 13 al 14 de marzo volvió a tomar el Nauti- lus el rumbo hacia el sur. Pensé que a la altura del cabo de Hornos haría proa al oeste con el fin de pasar otra vez a los mares del Pacífico y dar término a su vuelta al mundo. No fue así, sino que siguió viaje hacia las regiones australes. ¿Adónde quería ir? ¿Al polo? Era insensato. Empecé a creer que las temeridades del capitán justificaban suficientemente las aprensiones de Ned Land. Desde hacía unos días no me hablaba el canadiense de sus proyectos de fuga. Se había puesto menos comunicativo, casi callado; yo advertí hasta qué punto el prolongado cautiverio lo afectaba; sentía cómo se acumulaba en su ánimo la cólera. Cuando se cruzaba con el capitán se le encendía en la mirada torvo fulgor, y yo temí que llevado de su violencia natural perdiera de pronto los estribos. Ese día, 14 de marzo, él Y Consejo vinieron a mi habitación. Yo les pregunté a qué se debía la visita.

-Queremos hacerle una pregunta, señor, me respondió el canadiense.

-Pregunte usted, Ned.

-¿Cuántos hombres cree que habrá a bordo del Nautitus?

-No sabría decírselo, amigo mío.

-A mi parecer, continuó Ned Land, la maniobra no requiere numerosa tripulación.


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