Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -En efecto, respondÃ, en las Condiciones en que se halla, una decena de hombres a lo sumo bastarÃa para manejarlo.
-Claro está, dijo el canadiense. ¿Por qué habrÃa de tener más?
-¿Por qué?, repetà yo.
Miré fijo a Ned Land, cuyas intenciones era fácil adivinar.
-Pues porque, dije, si presto oÃdos a mis presentimientos y si he comprendido bien la vida del capitán, el Nautilus no es solamente una nave con su tripulación, sino además un refugio para quienes, como el comandante Nemo, hayan roto toda vinculación con la tierra.
-Tal vez, dijo Consejo, pero a fin de cuentas el Nautilus sólo puede contener cierto número de hombres. ¿No podrÃa el señor calcular el número máximo?
-¿Cómo asÃ, Consejo?
-Mediante el cálculo. Dada la capacidad de la nave, que el señor conoce, y por consiguiente la cantidad de aire que contiene, y sabiendo por otro lado lo que cada hombre consume al respirar, y comparando los resultados con la necesidad que tiene el Nautilus de renovarlo cada veinticuatro horas...
La frase de Consejo no acababa nunca, pero vi claramente a dónde querÃa llegar.
-Comprendo, dije, pero ese cálculo, fácil en sÃ, no puede darnos sino una cifra muy insegura.