Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -De manera, mi pobre Ned, que sólo puedo aconsejarle que se arme de paciencia.
-Y más aún, comentó Consejo, de resignación. Consejo habÃa dado con la palabra exacta.
-¡Después de todo, agregó, no siempre irá el capitán Nemo hacia el sur! ¡Alguna vez habrá de detenerse, aunque más no fuere antes los bancos de hielo, y regresará a mares más civilizados! Será la oportunidad, entonces, de considerar nuevamente los proyectos de Ned Land. El canadiense meneó la cabeza, se pasó la mano por la frente, no respondió palabra y se retiró.
-PermÃtame el señor decirle lo que he observado, me dijo en ese momento Consejo. El desdichado Ned está pensando siempre en lo que no puede tener. De su vida pasada lo recuerda todo. Echa de menos todo cuanto nos está prohibido, lo agobian sus recuerdos de antes y se llena de tristeza. Hay que comprenderlo. ¿Qué tiene que hacer aquÃ? Nada. No es un sabio como el señor, ni sabrÃa aficionarse como nosotros a las admirables cosas del mar. ¡SerÃa capaz de afrontar cualquier riesgo con tal de poder entrar en una taberna de su paÃs!