Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Entre tanto, durante el dÃa 15 de marzo, los campos de hielo nos cerraron completamente el paso. No era todavÃa la banquisa, o barrera de los hielos, sino amplios icefle1ds cimentados por el frÃo. Aquel obstáculo no podÃa detener al capitán Nemo, quien se lanzó contra el campo de hielo con espantosa violencia. El Nautilus penetraba como una cuña en la masa quebradiza y la partÃa entre tremendos crujidos. Era como el antiguo ariete, impelido con fuerza infinita. Los trozos de hielo, proyectados hacia la altura, volvÃan a caer como granizo a nuestro alrededor.
Por su propio impulso, nuestra nave iba abriéndose un canal. A ratos, en alas del impetuoso avance subÃa al campo de hielo y lo aplastaba con su peso, o en otras ocasiones, encajado en el icefield, lo dividÃa con un sencillo movimiento de cabeceo, causándole grandes desgarraduras. Durante esos dÃas hubimos de soportar fuertes turbiones. A veces, la bruma tan densa no habrÃa dejado ver desde un extremo al otro de la plataforma. El viento giraba bruscamente hacia todos los puntos de la brújula. La nieve se acumulaba en capas tan duras que era menester partirla a punta de pico.