Veinte mil leguas de viaje submarino

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Con sólo cinco grados bajo cero de temperatura, todas las partes exteriores del Nautilus se cubrían de hielo. Un aparejo no habría podido manejarse, porque los cabos hubieran quedado fijos en la garganta de las poleas. Sólo una embarcación sin velamen y movida por un motor eléctrico podía afrontar tales latitudes. En semejantes condiciones, el barómetro se mantuvo por lo general muy bajo; hasta descendió a 73,5 cm. Las indicaciones de la brújula ya no eran seguras, pues las enloquecidas agujas señalaban direcciones contradictorias al acercarnos al polo magnético meridional, que no coincide con el sur del mundo. 

En efecto, según Hansten, ese polo está situado más o menos a los 70º de latitud y 130º de longitud, y de acuerdo con las observaciones de Duperré a los 135º de longitud y 70º 30' de latitud. Eran necesarias numerosas observaciones con los compases trasladados a distintas partes del navío y obtener un término medio. Pero a menudo se apelaba a la estima para determinar el camino recorrido, método poco satisfactorio en medio de los pasos sinuosos cuyos puntos de referencia variaban a cada instante. 

Al fin, el 18 de marzo, tras veinte asaltos infructuosos, el Nautilus se vio definitivamente detenido. Ya no se trataba de streams, ni de palks, ni de i ce- fields, sino de una interminable e inmóvil barrera, formada de montañas soldadas entre sí.


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