Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -¡Pasado mañana, dijo, estarán agotados los depósitos!
Me corrió un sudor frío. Y, sin embargo, ¿por qué habla de sorprenderme tal respuesta. El 2 de marzo se habla sumergido el Nautilus en las aguas libres del polo. Estábamos a 26 de marzo. ¡Desde hacía cinco días vivíamos merced a las reservas de a bordo! Y el aire respirable que quedaba había que ahorrarlo para los trabajadores. ¡En este mismo instante en que pongo por escrito el relato de aquellos hechos, conservo una impresión tan viva de ellos, que se adueña de todo mi ser un terror involuntario y me parece que les falta aire a mis pulmones!
Entre tanto, el capitán Nemo reflexionaba, callado, inmóvil. Era visible que alguna idea le cruzaba la mente, aunque parecía rechazarla. Se respondía a sí mismo con un movimiento negativo de cabeza. Por fin, se le escaparon de los labios estas palabras:
-¡El agua hirviendo!, murmuró.
-¿El agua hirviendo?, exclamé.
-Sí, señor. Nos hallamos encerrados en un espacio relativamente reducido. ¿Acaso unos chorros de agua hirviendo inyectados sin pausa por las bombas del Nautilus no harían subir la temperatura en este medio, retardando, así, su congelacíón?
-Hay que ensayarlo, dije resueltamente.
-Ensayémoslo señor profesor.