Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino El termómetro marcaba entonces siete grados bajo cero afuera. El capitán Nemo me llevó a las cocinas donde funcionaban grandes aparatos destiladores que proveían de agua potable por evaporación. Se cargaron de agua y todo el calor eléctrico de las pilas fue lanzado por las serpentinas bañadas por el líquido. En contados minutos había llegado el agua a los cien grados. Se la dirigió hacia las bombas, mientras otra cantidad de agua iba reemplazándola a medida que salía. El calor que desarrollaban las pilas era tal que el agua fría, sacada del mar, con sólo pasar por los aparatos llegaba hirviendo a las bombas. La inyección comenzó y tres horas después el termómetro señalaba exteriormente seis grados bajo cero. Se había ganado un grado. Dos horas más tarde no marcaba más que cuatro.
-Lo lograremos, le dije al capitán después de haber observado verificado con numerosas comprobaciones el desarrollo de la operación.
-Lo mismo pienso, me respondió. No moriremos aplastados, sólo debemos temer la asfixia.