Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Durante la noche, la temperatura del agua subió a un grado bajo cero. Las inyecciones no lograron llevarla a más alto punto. Pero como la congelación del agua de mar se produce solamente a dos grados bajo cero, me sentà al fin tranquilizado en cuanto a los peligros de la solidificación.
El dÃa siguiente, 27 de marzo, seis metros de hielo se hablan quitado del alvéolo. Quedaban solamente cuatro metros por cavar. Eran cuarenta y ocho horas más de trabajo. El aire ya no podÃa renovarse dentro del Nautilus. De manera que esa jornada iba empeorando cada vez más.
Me agobiaba una pesadez intolerable. A eso de las tres de la tarde, la sensación de angustia alcanzó violenta intensidad. Los bostezos me dislocaban las mandÃbulas. Los pulmones jadeaban en procura del fluido indispensable para la combustión respiratoria, y que se enrarecÃa paulatinamente. Un sopor moral se apoderó de mi ánimo. Estaba tendido, sin fuerza, casi sin conocimiento. Mi buen Consejo, presa de los mismos sÃntomas, vÃctima de iguales padecimientos, no se apartaba de mi lado. Me tomaba la mano, me daba ánimos y hasta lo oÃa murmurar:
-¡Ay, si pudiera respirar menos, para dejarle más aire al señor!