Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino En todo caso, el Nautilus se proponía intentarlo. Noté, en efecto, que adoptaba una posición oblicua, bajando la popa y alzando el espolón. Una introducción de agua había bastado para romper el equilibrio; luego, a impulsos de su potente hélice, atacó al icefield por debajo. Como un formidable ariete, lo rompía poco a poco, retrocedía, volvía a dar con toda su fuerza contra el campo que se desgarraba y, por fin, con un supremo envión se arrojo contra la helada superficie, aplastándola con su masa.
-Se abrió la compuerta y el aire puro entró a oleadas hasta los últimos rincones del Nautilus.