Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino El canadiense "tiraba" como una chimenea en pleno funcionamiento. Recobrábamos fuerzas prontamente y cuando miré a mi alrededor vi que estábamos solos en la plataforma. No habla asomado ninguno de los tripulantes. ¡Ni el mismo capitán Nemo! Los extraños marineros del Nautilus se contentaban con el aire que circulaba en el interior. Ninguno de ellos habÃa venido a deleitarse en plena atmósfera. Las primeras palabras que modulé fueron de profundo agradecimiento a mis dos compañeros. Ned y Consejo hablaba prolongado la vida en las horas postreras de aquella larga agonÃa. Toda mi gratitud era poca cosa para tanta abnegación.
-Bien, señor profesor, me respondió Ned Land, eso no merece la pena de que se lo mencione. ¿Qué mérito es el nuestro? Era cuestión de pura aritmética; la vida de usted valÃa más que las nuestras. Por lo tanto, debÃamos conservarla.