Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -No, Ned, respondÃ, no valÃa más mi vida. Nadie vale mas que un hombre generoso y bueno, y usted lo es.
_¡Está, bien, está bien!, repetÃa el canadiense cohibido.
-Y tú, mi buen Consejo, ¿has padecido mucho?
-No demasiado. Para decirle la verdad al señor, sà que me faltaron algunas bocanadas de aire, pero me hubiera habituado. Además, estaba viendo que el señor se desvanecÃa y eso me quitaba hasta las ganas de respirar. Y eso, como suele decirse, me cortaba el alien... Consejo, confundido al ver que se entregaba a los lugares comunes del lenguaje, no terminó,
-Amigos mÃos, les dije hondamente conmovido, estamos ligados unos a otros para siempre y ustedes se han ganado en mi ánimo todos los derechos...
-De los que abusaré, interrumpióme el canadiense.
-¿Cómo?, exclamó Consejo.
-SÃ, replicó Ned Land, el derecho de llevármelo conmigo cuando salga de este infernal Nautilus.
-A propósito, dijo Consejo, ¿estamos encaminados hacia la buena senda?
-SÃ, le respondÃ, puesto que vamos en dirección del sol, y aquà el sol señala la ruta del norte.
-Sin duda, añadió Ned Land, pero queda por saberse si vamos hacia el PacÃfico o el Atlántico, esto es, los mares concurridos o los desiertos.