Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino A esto no podía yo responder y me temía que el propósito del capitán Nemo fuera llevarnos al amplio océano que baña a la vez las costas de Asia y de América. Completarla de ese modo la vuelta al mundo submarino, regresando a los mares donde el Nautilus hallaba la más completa independencia. Pero si nos volvíamos al Pacifico, lejos de toda tierra habitada, ¿en qué quedarían los proyectos de Ned Land.
No tardaríamos en enterarnos de cómo se despejaba tan importante incógnita. El Nautilus navegaba velozmente. El círculo polar quedó pronto atrás y llevábamos la proa puesta hacia el promontorio de Hornos. El 31 de marzo, a las siete de la tarde, pasábamos a la vista de la punta americana.
Entonces olvidamos todos los padecimientos pasados. El recuerdo del encierro entre los hielos se borraba poco a poco. No pensábamos más que en lo futuro. El capitán Nemo no se presentaba ya, ni en el salón ni en la plataforma. La posición que se marcaba cada día en el planisferio, y que el segundo habla tomado, me permitía conocer la exacta dirección que seguía el Nautilus. Ahora bien, aquella tarde se hizo evidente, con gran satisfacción de mi parte, que regresábamos al norte por la ruta del Atlántico. Les comuniqué al canadiense y a Consejo el resultado de mis observaciones.
-Buenas noticias, dijo el canadiense; pero, ¿a dónde va el Nautilus?